V.G
No sé cómo sentirme. No sé cómo expresarme. Simplemente me duele algo que ni mi mente logra nombrar. Tal vez fue desde aquel primer instante en que lo vi: supe que no era para mí, y aun así me aferré. Me aferré al espejismo.
Me duele. Me quema. Me siento como una rata, pero no por ser sucio… sino por haber intentado probar las sobras de un banquete que fue devorado hace tiempo. La única diferencia es que la rata siempre tuvo permiso, y yo… nunca lo tuve.
No sé si es por ser tan flaco, por la mala conducta que cargo, por cómo me mira con desprecio, por su cabello que no se me borra. No lo sé. Mi mente se desgarra intentando encontrarle sentido.
Siento como si una daga traspasara mi pecho, mi cerebro, mi ser entero.
Si no escribo, siento que el corazón se me parte en mil pedazos. Uno a uno, lentamente, como lo ha hecho durante todo este tiempo que me obligué a sanar.
Miro el techo. La música suena, ahogada en el fondo. Pero aquí sigo: perdido, con este dolor en el pecho que ni el aire logra expulsar. Solo espero… que pase. Que duela menos. Que me deje seguir.
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