Parte II: El Desborde (Así Comienza)
El ambiente en la sala estaba cargado; el aire pesaba, olía a su perfume mezclado con la humedad de nuestra piel. Yo ya no era dueño de mis movimientos, solo respondía a sus manos. Cuando sentí que retiraba sus dedos, por un segundo el vacío me dolió, pero fue solo el preludio. Él se deshizo del resto de su ropa con una urgencia controlada, revelando una anatomía que parecía esculpida solo para intimidarme y atraerme a la vez. Se posicionó entre mis piernas, obligándome a mirarlo. Sus ojos, que antes eran amables, ahora estaban oscuros, fijos en los míos. Sin decir una palabra, me tomó por los muslos y me arrastró hacia el borde del sofá, dejando mis piernas colgando sobre sus hombros. La vulnerabilidad era total, pero la confianza que me transmitía su agarre firme me hacía querer más. El momento del encuentro Sentí la punta de su virilidad rozar mi entrada, todavía húmeda por el juego anterior. Fue un contacto lento, tortuoso. Él se detuvo justo ahí, disfrutando de mi impaciencia, de ...