El fuego en mi
Aprendí a soltarte, y en ese acto encontré mi paz.
Hoy camino ligero, agradecido por lo que el universo me ha confiado. Ya no te
miro con nostalgia, sino con la serenidad de quien ha sanado. Nos cruzamos por
los mismos pasillos, sí, pero ahora soy yo quien decide cómo transitar la vida.
Del dolor nació mi fuego. Una chispa que creí
extinguida por falsas ilusiones, resurgió con más fuerza que nunca, más viva
que ayer, más mía que siempre. Y aunque el pueblo sea pequeño y los encuentros
inevitables, mi alma ya no tiembla: sé quién soy, sé lo que valgo, y sé que puedo
lograrlo sin tu sombra al lado.
Es mi momento de brillar. De avanzar sin miedo,
porque la llama que floreció en mí no se apaga con juegos ni con ausencias. Tal
vez para ti fui solo una pieza más, pero para el universo fui una bendición en
movimiento, una ficha que eligió jugar a favor de la luz.
No sé cómo explicar los frenesís que me hiciste vivir, pero
nene, me ilusioné, me rompí, y aún así, reconstruí mi esencia. Hoy regreso a
mí, más fuerte, más claro, más capaz de ser lo mejor que alguna vez fui… y aún
más de lo que seré.

Comentarios
Publicar un comentario